Sin eventos especiales en programa. Abre con su horario habitual.
Todos los eventosJimmy Glass es un club de jazz en la calle Baja, en pleno barrio del Carmen, y uno de los puntos fijos de la vida musical valenciana desde que abrió en 1991; en octubre de 2026 cumple 35 años. En 2018 la revista estadounidense DownBeat lo incluyó en su lista internacional de grandes clubes de jazz, un reconocimiento que encaja con la fama que tiene entre músicos y aficionados.
La sala es larga, estrecha y en penumbra, con fotografías de jazz en las paredes y el público sentado prácticamente encima de la banda, que es justo de lo que se trata. Con sitio para unas 50 personas, es lo contrario a un auditorio: se escucha cada detalle de las escobillas del batería. En la barra hay cerveza, vino, cócteles y refrescos, y una carta corta de comida en la que las cocas son apuesta segura.
La programación apuesta por un jazz que no va a remolque de las modas: artistas nacionales, europeos e internacionales, nombres consagrados y grupos emergentes, junto a músicos valencianos. Por su escenario han pasado figuras como Benny Golson, Kenny Garrett, Lee Konitz, Lou Donaldson o Pat Martino, y músicas como Melissa Aldana o Linda Oh tocaron aquí al principio de sus carreras, antes de hacerse un nombre internacional. Un mes normal mezcla cuartetos estadounidenses y europeos de gira con tríos y quintetos locales. El club organiza además su propio festival de jazz contemporáneo, que en 2026 llegó a su decimoquinta edición, ciclos de primavera y verano y una asociación para sus habituales.
El público viene a escuchar más que a ir de fiesta: aficionados de todas las edades, músicos y visitantes curiosos que quieren vivir el jazz en una sala pequeña. Se viste informal y la edad mínima es de 18 años. Las entradas suelen costar entre 5 y 15 euros según el grupo, y el club publica su programación con fechas y artistas en su propio calendario.
Jimmy Glass suele abrir de martes a sábado desde las 21:00, hasta la 01:00 entre semana y hasta las 02:00 viernes y sábados. Como la sala es tan pequeña, merece la pena reservar o llegar pronto cuando toca alguien conocido. Al salir, los bares del Carmen están a la puerta, y la plaza del Tossal, las Torres de Serranos y el resto del casco antiguo quedan a pocos minutos andando.
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